una canita al aire ( i )

Cuando quieres decir muchas cosas lo difícil es comenzar. Y en ese sentido este es una de las entradas más ambiciosas que he escrito. No es sobre lo que quiero que sea mi tesis sino sobre un tema que le adyace: las formas de consumo en relación a las de producción. Es algo tan viejo como la Ley de Say e igual de complicado. Me gusta la forma en la que Schumpeter la formula, él, que es un defensor. Le dediqué una entrada hace tiempo. La forma de expresarla es ciertamente extraña, la traducción es de Manuel Sacristán por lo que la confianza en la misma es absoluta. La relatividad en la que inscribe las relaciones de oferta y demanda debe ser tenida siempre en mente, así como ese “de la industria” que se repite.

Me he pasado el mes leyendo a Winter & Nelson y su formulación de la Economía Evolucionista que intenta formalizar la visión que Schumpeter tenía de la dinámica económica. Es enriquecedor. Me ha llamado la atención ese viejo énfasis en el lado de la oferta y los delicados pasos que deben dar a la hora de intentar formular el aspecto normativo de su propuesta. Estoy leyendo, en paralelo, “La Ley de Say”, de Adolfo Rodríguez Herrera, en el que se refieren a la aceptación general de la ley por parte de los economistas y de cómo los críticos con la misma lo son con la consideración de su cumplimiento universal. Malthus, Marx y Keynes son algunos de los que dudan de que siempre y en todo momento esa especie de movimiento autogeneratriz iguale resulados y deseos.
Por último he estado leyendo el blog de Krugman. (!!!). Ha estado incomodando con los efectos del cambio tecnológico sobre la distribución de las rentas: defiende que existe un tipo de cambio tecnológico sesgado en favor del capital que acaba repercutiendo sobre el reparto de las rentas y que, piensa, es lo que subyace en la tendencia observada en EEUU al respecto en lo últimos decenios. Algunas críticas bastante sensatas se dirigen al propio concepto de capital, que puede ser tantas cosas que no es posible medirlo apropiadamente. (En el blog de Mark Thoma, y en el de de Dean Baker). 
Otras, más airadas, cuestionan los resultados del análisis llevado a cabo. Son los neoricardianos Matías Vernengo a través de Naked Keynesianism y Robert Vienneau en el propio foro de NK y en el pasado a través de su propia bitácora: Thoughts On Economics. Las críticas que lanzan suponen una dificultad cierta: se refiere a los valores de cambio en una economía que experimenta un cambio tecnológico: la introducción de nuevas técnicas desplaza la función de producción y ello afecta a las rentas generadas por los distintos factores. En la teoría neoclásica la distribución de esas rentas depende de la pendiente de la curva de la función de producción: cociente entre capital y trabajo. La intensidad relativa con la que se usan los factores modifica el reparto de las rentas. Para ilustrar que es eso y no otra cosa lo que Krugman defiende lo citan: “and if you’re worried, yes, workers and machines are both paid their marginal product.” Las consecuencias serían que si el factor trabajo se abarata las empresas pasarán a utilizar en mayor medida la tecnología intensiva en trabajo, mientras que si se produce una mejora tecnológica serán las tecnologías intensivas en capital las que pasarán a ser más utilizadas. El problema que le ven los neoricardianos (formando parte del grupo del Cambridge británico) es que para que esto sea cierto es necesario que: “The linear technologies of his example presume that all sectors have the same capital to labor ratio.
No sé hasta qué punto están en lo cierto en esto en el sentido de que Krugman lo que plantea es una economía que transita de un estado relativamente intensivo en mano de obra a otro más intensivo en capital, no que todos los sectores de una economía posean el mismo cociente entre capital y trabajo. De hecho me gusta la forma gráfica en la que interpreta a Krugman el tipo este de la Canadian Initiative, en la cual nos basaremos que la realización del presente análisis.
Por otra parte nuestro análisis se aparta de la polémica Krugman — Neoricardianos. No estamos interesados en la distribución de las rentas ni en los valores de cambio, interpretamos la Ley de Say en el sentido de que las fuerzas que mueven el capitalismo son de oferta, esto es, el cambio tecnológico desplaza la función de producción y ante esos cambios reacciona la curva de indiferencia entre ocio y trabajo. Ahora pasaré a relatar los presupuestos de los que parto.
Igual que cuando el cambio de década en los 90 hizo que por motivos tácticos pasase de ser de los Celtics a ser de los Pistons durante un par de años (yo realmente era anti-Lakers showtime), por un momento me voy a hacer marginalista de los chungos: asumo que la economía se encuentra siempre en equilibrio y que la relación entre cantidades producidas y número de horas trabajadas viene dada por la tangente entre la función de producción y la curva de indiferencia entre ocio y trabajo. Al mismo tiempo he de aclarar que al ser una adhesión táctica no asumo alguno de los principios del marginalismo ni mis objetivos son los mismos. No caeré en el error de Krugman de asumir que tanto trabajadores como capitalistas perciben la renta correspondiente al producto marginal de lo que aportan. Así, la intersencción entre ambas curvas no representa, como ya he dicho, los valores de cambio, sino que se da en la economía una oferta de mano de obra que se las tiene que ver con técnicas productivas de diversas productividades. Como el chico de “Canadian Iniciative” entendemos que las mejoras tecnológicas abomban la función de producción (seguimos en eso a Krugman), y pensamos también que la forma de la curva de indiferencia entre ocio y trabajo está fuertemente influenciada por aspectos institucionales. Interpretamos el marginalismo como un concepto válido para amplios agregados y movimientos seculares, que la economía esté siempre en equilibrio no como que deseos y realidades coincidan, sino de una forma un tanto tautológica: los acuerdos a los que se llegan son los que son y además no podían ser de otra forma dadas las circunstancias de la economía.
 (continúa)
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