noctis

La entrada prometida para ayer queda para más adelante, espero que no se demore mucho más. Estoy pensando estos días en la dificultad de ‘hacer economía’ apartándose del marginalismo. Son meritorios los forcejeos de la Economía Ecológia en cuanto a las contabilidades ambientales en la que lo que se tienen en cuenta son los consumos energéticos, de materias primas, las reservas de agua y su agotamiento, los estudios demográficos y demás. Pero en cuanto introduces una valoración monetaria cominezan las dificultades. Por ejemplo, imaginemos que un gobierno benevolente se encarga de la provisión de agua para la marca sobre la que ejerce su potestad. El embalse del que se nutre la marca hispánica de la que hablo ha ido disminuyendo su volumen año a año, dado que se consume más agua de la que regularmente dejan las lluvias sobre los Pirineos. También tiene acceso la marca a pozos de agua mineral por lo que cuando cualquier contingencia hace que se queden sin el agua del embalse puedan recurrir al agua de los pozos.


Viendo esto los gobernantes deben decidir cuál es la mejor forma de optimizar los recursos hídricos de la marca. No sólo una cuestión de cuánto cobrar por ella puesto que es un recurso sin el que los habitantes morirían por lo que el acceso debe ser universal pero debe existir también una limitación a ese uso de forma que un año determinado no se queden sin recursos hídircos.
El marginalismo hace hincapié en las valoraciones privadas de los usuarios del agua como mejor optimización. Y la mejor forma de desvelar esas valoraciones sería el mercado: el gobierno podría sacar a subasta el agua y que se quedasen con ella aquellos que más la valoran. Podría existir el problema de que alguna gente no tuviese acceso a la misma pero esa cuestión podría arreglarse con una cuota de agua universal, los que quisiesen más agua de la asignada en la cuota tendrían que pagar por ella.
Podría surgir otro problema: que la valoración privada del agua no coincida con la valoración social. Este problema es el que ha introducido la más sólida argumentación por parte de los economista para la justificación de la intervención estatal, dado que esas desviaciones tienen en muchos casos un caracter estructural (son las famosas asimetrías de información, las externalidades, la racionalidad limitada…).
Ahora imaginemos que el gobernante es ciego, o que simplemente éste no existe y que, existiendo una cuota de agua mínima para cada ciudadano de la marca después es posible comprar toda la que uno quiera. Siempre se consume toda el agua del pantano y además cada año se saca más agua de los pozos; con ella riegan los campos, los curtidores de cuero producen artesanía, el herrero herramientas y la marca se enriquece. El día en el que agotan sus recursos hídricos y se quedan sin agua perecen. ¿En dónde se encuentra la racionalidad económica aquí? En qué forma nos puede ayudar la valoración privada manifestada a través de los mercados? ¿qué tipo de límites le deben ser puestos?

¿Estarían dispuestos a morir de sed aquellos que defienen que no han de existir límites?
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s