función y forma iv (intentando reformular)

estudiar el concepto de ‘racionalidad económica’ recurriendo al mandato de canguilhem implica un trabajo dialéctico pero dependiendo de la forma que entendamos ‘racionalidad económica’ ese trabajo adopta distintas formas. La ‘racionalidad económica’ se puede entender como una correspondencia entre las razones que tenemos para tomar una decisión y los medios movilizados para alcanzar la finalidad a la que apuntan aquellas razones: como una coherencia en la que está implicado el individuo. Para el estudio en economía de esta forma de racionalidad se suelen aplicar una serie de presupuestos relacionados con el desarrollo del marginalismo y que reducen todo valor a una medida homogénea con ciertas propiedades que hacen el análisis practicable. El resultado es una potente herramienta de análisis que ha sido utilizada a lo largo de todo el s. XX. Han sido muchas las críticas a este tipo de marco analítico, tanto a la concepción de racionalidad de la que se parte, como a los presupuestos que se aplican para el uso analítico de esa concepción. Aplicar[canguilhem] a esta forma de entender la racionalidad implica que tengamos que ir en busca de los límites y fronteras, excepciones y extravíos que presenta. Uno de los elementos es el del individualismo metodológico, otro el de la capacidad de cálculo del agente implicado (las capacidades cognitivas), otro sería el del recurso exclusivo al interés propio, también determinados supuestos como el papel de la consciencia y el conocimiento perfecto de aquello que es bueno para uno mismo. Esta búsqueda de los límites nos conducirá a la producción de una forma, la misma está en solidaridad con muchos de los resultados obtenidos por la economía de la conducta en su versión K&T. El segundo paso es más interesante y consiste en el recurso a Hegel. No lo completaremos en esta serie de entradas sino en otras (esperamos) y tiene que ver con la consideración del sujeto económico.
La ‘racionalidad económica’ también puede ser entendida como un proceso de evolución hacia una meta, una ordenación o coordinación de las conductas producida por las instituciones económicas que tiende hacia la eficiencia bajo las instituciones adecuadas (estoy pensando en los austriacos y asimilables). Aquí la correspondencia no es entre razones en el sentido de motivaciones individuales conscientes y medios para el logro de esos objetivos individuales, sino que depende de la relación entre resultados económicos e instituciones. Tanto el concurso consciente como el conocimiento y la creencia juegan un papel muy distinto al caso anterior. Existen presupuestos que ambas concepciones de la racionalidad pueden compartir, mientras que otros no: el énfasis en lo relacional por parte de los austríacos, la no necesidad de presuponer consciencia en los actos de los agentes, la posibilidad de resultados óptimos pese a que las capacidades cognitivas de los agentes sean limitadas… los límites de este modo de concepción de la racionalidad (esto es, los casos en los que los resultados dejan de ser racionales o aquellos en los que lo siguen siendo pese a que no se dan las condiciones predicadas en principio). Así tenemos los casos de instituciones mal diseñadas en las que las cargas y obligaciones distorsionan los incentivos de los agentes, o aquellos casos en el que los incentivos habituales no son precisos o juegan un papel distinto del habitual (zonas de distorsión y sombra), como los estudios realizados por la recientemente fallecida Elinor Ostrom. El primer caso sería un límite a la racionalidad tal como es entendida por los austriacos, en el segundo sería una excepción a la misma. Otra posible excepción, negada generalmente por estos, se da cuando las instituciones socialistas (continuemos con las groserías) lo hacen mejor que las descentralizadas. Y no se me ocurren más.
Tenemos también el caso del marxismo, no menos complejo que los anteriores. Por comodidad para la introducción del mismo recurriré a Moishe Postone para posicionarme puesto que actualmente estoy leyendo ‘Tiempo, trabajo y dominación social’. En este libro postone realiza un análisis crítico del marxismo tradicional, al que nos referiremos. Aquello que es racional para el ‘marxismo tradicional’ veremos que implica e intentaremos analizar la posibilidad de producir forma a partir de él. Lo mismo haremos para la propia concepción de Postone.

G^3 (neuroeconomía)

Al final de la última entrada sobre introducimos el giro realizado por glimcher mediante el que la reflexología podría convertirse en la gran esperanza blanca para los funcionalistas:
‘Reflexology is, at some level, an approach of this type. It relies on constraining the subject of study to a tiny deterministic linkage, fully characterizing that system, and identifying the minimal set of connections that can produce that linkage as if it were a goal.’
Quizás el problema no esté tanto en la posibilidad de utilizar un enfoque tal para el estudio de órganos animales como en la extensión de ese enfoque al estudio de la Economía. Pero no adelantemos acontecimientos. Si es quizás el momento de recordar que las relaciones entre la ciencia económica y la teoría de la evolución son tan antiguas como la teoría de la evolución misma y que si bien al principio fue la economía la que fue fuente de inspiración actualmente el sentido de la influencia se ha invertido, si bien esa influencia no es isomorfa dado que tiende a conectar determinadas visiones de la evolución con determinadas visiones de los procesos económicos. Marr definía previamente la meta y medía respecto de ella la eficiencia del sistema (la meta es maximizar la adaptación del organismo). Glimcher plantea la modificación del enfoque: no es el organismo sino los sistemas pequeños los que nos permiten la aplicación de una definición de la meta matemáticamente mensurable respecto de la que podamos medir la eficiencia. (Reflexología). Estudiando los sistemas respecto a una supuesta meta conseguimos un análisis de este tipo. En este punto glimcher hace descansar el futuro éxito o fracaso de su propuesta sobre la posibilidad de estudiar empíricamente qué tanto se aproximan los sistemas estudiados a las metas prácticas que persiguen. En boca de Glimcher mejor que en la mía:
‘Marr’s recognition of the value of stated computational goals, combined with the fact that biological systems probably cannot achieve computational goals perfectly, raises an empirical question upon which the computational approaches hinges. Given that we cannot assume a priori that evolved systems achieve evolutionary defined computational goals on theoretical grounds, we need to ask empirically just how close these systems come to achieviing those in practice. If, in practice, evolved sustems do even a fair job of approximating what we humans can define as a computational goal, then the strategy Marr advocates will be usefull. If evolutionary systems are forests of spandrels in which phyletic and architectural constraints do far more to shape organisms than do the problems these organisms face in the external world, then Marr’s approach will be largely useless.’
Para abordar la evaluación de la eficiencia de los sistemas desarrolla dos tipos de aproximaciones al problema: primero mediante la selección de sistemas con metas computacionales que puedan ser clara y cuantitativamente especificadas desde un punto de vista matemático. Una segunda forma de abordar la eficiencia de un sistema es inferencial; consistiría en estudiar la evolución convergente de animales que viven bajo restricciones distintas (spandrels), de forma que emergen soluciones similares en ambientes distintos, sugiriendo esto la existencia de una meta común, de un mismo punto final.
Este es un punto crucial del libro puesto que él se define la estrategia a seguir y la piedra de toque del éxito o fracaso de la empresa propuesta por Glimcher. Encuentro cuestionable el movimiento de Glimcher respecto de un par de puntos. Son dos cosas las que me incomodan: la primera tiene que ver con la distinción de los planos teórico y práctico en glimcher y la segunda con la relación entre meta y ‘sprandle’. el sistema visual es el escogido por Glimcher para aplicar esta estrategia, no nos detendremos mucho en él. Sin embargo esperaré a desarrollar el por qué de estas dos incomodidades más adelante, cuando la exposición de Glimcher sea completada.
La meta computacional que se propone estudiar Glimcher es la ‘phototransduction’. El sistema de visión es altamente eficiente, en concreto se pregunta por el funcionamiento del sistema de reunión de información en condiciones de poca luz. [NOTA FUTURA 2: HEGEL Y LA NOCHE DEL MUNDO] La eficiencia (pp.157, 158) del ojo para la función estudiada es alta, sólo limitada por algunas limitaciones estructurales que hacen que se pierda alguna información o que pueda no ser procesada correctamente. Evidentemente la pregunta es si esto puede ser cierto para sistemas más complejos, dado que el caso de ojo es un caso especial: ha evolucionado casi desde el principio de la vida en la tierra adoptando infinidad de variedades bajo unas condiciones bastante estables en cuanto a las características de la luminosidad en la tierra. De hecho creo que hemos de entender las ‘sprandels’ más en ese sentido en este caso: una restricción estructural que no tiene que ver con la arquitectura orgánica sino con la arquitectura del ambiente en el que ejerce su actividad el órgano. Para defender la extensión de esta estrategia a sistemas más complejos recurre a la inferencia mediante el recurso a la teoría de la convergencia evolutiva. Recurre en concreto al caso mejor estudiado de convergencia evolutiva que es el de los llamados ‘cichlid fishes‘. Concluyendo:
‘These data and others like them raise the question of whether the lessons we learn about evolution’s apparent ability to optimize an organism’s simple traits can be generalized to the study of computational goals in complex neurobiological or behavioral systems.’
La convergencia evolutiva estaría hablando de la posibilidad de otro tipo de convergencia, la de las metas computacionales definidas a priori y la evolución biológica de las especies, que tenderían a ser más eficientes. Cita a HoraceBarlow como pionero en este tipo de marco teórico, en los años 50:
‘In essence, Barlow was arguing that he could both define a clear computational goal for sensory encoding on a priori grounds and find evidence of convergent evolution around that computational goal. As a result, Barlow’s example comes very close to demonstrating that complex computational goals can be both defined theoretically and achieved biologically. Barlow’s data suggest that Marr’s computational approach may work. But even Barlow’s example is fairly simple. sensory ecoding is a simple process when compared with something as complicated as finding a mate or searching for food. Can processes as complicated as these be modeled and studied with an evolutionarily based computanional approach?.’
para contestar a esta pregunta Glimcher propone el estudio de los módulos neuronales mediante la descripción de módulos de funcionamiento para los que se pudiese establecer una descripción matemática de esos módulos. Los puntos críticos de tal empresa son, tal como los plantea Glimcher, en primer lugar uno de escala: ¿cómo modularizar una función neuronal? Esto implica la selección de la escala de la arquitectura a la que funciona el cerebro. El segundo punto crítico consiste en demostrar que el sistema nervioso se estructura de forma que está orientado a logros para los que es capaz de alcanzar una cierta eficiencia, una eficiencia que nos permita hacer de las metas computacionales un punto de partida útil para el análisis neurobiológico. Denfiende que sí, que es posible establecer esa medición de eficiencia y que es posible también la medición de las desviación respecto de la misma que serían explicadas por restricciones estructurales a la G&L.
En este punto comienza la segunda parte del libro, que está dedicada a lo que Glimcher llama Neuroeconomía y que nos llevará al terreno del cálculo de probabilidades y la inferencia estadística (Pascal, Bayes, etc). Hay que señalar en este punto que existen distintas versiones de eso que se ha dado en llamar ‘neuroeconomía’, con discusiones interesantes al respecto en John B. Davis, Donn Ross, Gul & Pessendorfer, de las que me ocuparé otro día. con Glimcher nos situamos en la esfera de Ross y contra Gul. Estos serían los economistas que están actualmente intentando trasladar los desarrollos teóricos en neurociencia a la teoría económica. unos defienden un enfoque más neuronal, estudiando la respuesta a estímulos externos de esas unidades modulares de las que hemos hablado mientras que otros defienden un enfoque basado en el escaneo cerebral ante la solución de determinados cuestionarios que se plantean a los sujetos bajo estudio.

G³, (bifurcaciones 2)

Estos estudios se valían de esa circunstancia para estudiar la independencia funcional de los módulos dado que mediante ese aislamiento de cada hemisferio esa característica se ve acentuada. Y efectivamente, ambos hemisferios están altamente especializados, habitualmente realizando tareas de forma independiente, con distintas metas perseguidas por distintos módulos, existiendo habilidades específicas, por ejemplo el habla, que residen en lugares específicos del cerebro, con localizaciones neurobiológicas concretas. En este punto Glimcher cita a Baynes,(colaboradora de Gazzaniga) que señala como la tarea de la neurociencia cognitiva consiste en el desenmascaramiento de la aparente naturaleza unitaria de los sistemas de percepción; una especie de desmistificación de los sistemas cognitivos. Normalmente estos sistemas están distribuidos a lo largo de ambos hemisferios pese a que parecen uno sólo dado el cuerpo calloso que conecta los hemisferios realiza una labor integradora.
Estos hallazgos sobre el funcionamiento cognitivo del cerebro sigue sin resolver los problemas del marco de la meta a resolver. Siendo cierto que las problemas se resuelven mediante módulos que resuelven tareas separadas, siendo los módulos unidades de computación, no es posible saber cómo se forman esas metas ni cómo se circunscriben los problemas que resuelve cada módulo, qué define las metas a las que se enfrentan.

Nos encontramos aquí en la página 150 del libro y en breve será introducido el concepto de ‘neuroeconomía’, siendo el momento en el que es necesario introducir cuestiones evolutivas para poder entender mejor el funcionamiento del cerebro y su encaje en las explicaciones basadas en la modularidad. Para ello comienza por recurrir Glimcher a la figura de Darwin (p.152), que consideraba la evolución al proceso sujeto a lo que él llamo Selección Natural, mediante la que los organismos evolucionaban hacia formas más perfectas, adaptándose al medio del que forman parte mediante la producción de formas óptimas (‘en nuestro términos’, dice Glimcher, ‘módulos de computación óptimos’). Pero en este proceso de perfeccionamiento encontró Darwin una paradoja frustrante, dado que los pasos y las transiciones que reflejan cambios aleatorios hacen que ‘la evolución’ no pueda garantizar formas óptimas:
… still, it seems imposible to elieve that evolution drives animals toward optimal and complete solutions to specific computational problems that can be defined in abstract terms. Even darwin would have found this hard to believe. On the other hand, there are examples in which animal forms do seem [153] to have adopted sdolutions to physical problems that function with nearly perfect efficiency, or at least it appears so at first blush. (N, p.152)
Sobre esta problemática de la relación entre Selección Natural y adaptación al medio es un clásico la aportación realizada al debate por Gould& Lewontin, que es el siguiente elemento que introduce Glimcher en el análisis. Estos biólogos de Harvard defienden que los sistemas biológicos no pueden ser entendidos en términos de optimalidad o cuasi optimalidad en el logro de una meta definida de forma abstracta. Ante la imposibilidad de ese tipo de conceptualización defienden que no se debe intentar pensar en los sistemas biológicos como intentando el logro de una meta cualquiera. Siendo un clásico de ambos autores un artículo llamado ‘The Sprandels of San Marco’, (pdf), en donde se valen de una analogía muy bella entre la construcción de espacios arquitectónicos y la vida como forma de construcción en el espacio. Las ‘sprandels’, palabra de la que todavía no me ha dado tiempo de buscar la traducción, son ‘the tapering triangular spaces formed by the intersection of two rounded arches at right angles’, esto es, [PHOTO]. Cuando observamos estas construcciones, nos dice Glimcher que:
‘the design is so elaborate, harmonious and purposeful that we are tempted to view it as the starting point of any analysis, as the cause in some sense of the surrounding architecture [or goal of the design, in Marr’s terms]. But that would invert the proper path of analysis. The system begins with the architectural constraint: the necessary four spandrels and their tapering triangular form. They provide a space in which the mosaicists worked; they set the quadripartite symmetry of the dome above.’
He de decir que simpatizo con la visión de Gould sobre la evolución. No sé cuando fue la primera vez que leí algo sobre el artículo mencionado, si en el libro de Glimcher que estoy analizando o en algún otro artículo. Volví a encontrarlo en ‘The Paralax View’, esa gran obra zizekiana, en donde explícita el carácter dialéctico del marco explicativo de Gould sobre la evolución. A lo que hay que añadir que el filósofo esloveno está acabando un libro dedicado en exclusiva a una lectura hegeliana de la evolución en términos gouldianos. El que el propio proceso evolutivo genere su propio marco adapatativo, esa especie de reflexividad, de autodeterminación evolutiva, es lo que atrae al filósofo esloveno. Quizás debería introducirlo en una nota, pero no puedo por menos que traer aquí una cita del esloveno tratando el tema en ‘The paralax view’, en donde primero habla de los darwinistas duros, aquellos que ven la evolución como un proceso ciego y sin propósito, para después introducir aquello que diferencia a éstos de la visión propiamente dialéctica de gould:
‘The “hard” Darwinians are thus fully aware of how evolutionary adaptation only uses (chooses from) multiple variations which emerge in a contingent aleatory way, with no purpose. The difference that separates the “hard” Darwinians from dialecticians proper like Stephen Jay Gould, however, is double. First, the dialectical approach proper is structural: the New emerges not as an element, but as a structure. In an aleatory way, all of a sudden, a new Order, new harmony, emerges out of Chaos. Although we can (retroactively) ascertain a long gestation period, one last element triggers the swift shift from Chaos to new Order—“hard” Darwinists do not talk in terms of such a structural “totality.” Second difference: this new Order cannot be accounted for in terms of “adaptation”—it is not only that a univocal ad quem is missing here (adaptation to what?), one also cannot presuppose a univocal agent of it (adaptation of what?). A vicious cycle is inescapable here: we cannot explain the very emergence of an organism in the terms of a strategy of adaptation.’ [pp. 198-199]
Es esa la forma en que Zizek entiende también el surgimiento de la conciencia: como una estructura que irrumpe sin un propósito, que surge, emerge, no para resolver un problema, o para mejor solucionar ciertas cuestiones, sino como un sin propósito que cuando aparece genera un nuevo espacio antes no existe, desequilibrando lo existente y generando nuevas dinámicas antes impensables.
Volviendo a Glimcher, nos dice como existen, para él, dos argumentos de G&L que no pueden ser pasados por alto: los animales no han sido diseñados para simplemente lograr metas computacionales. Una meta computacional es un punto final lógico [a logical end point], la solución completa a un problema que podría en principio ser resuelto por el animal. Y aquí dice algunas cosas que me resultan complicadillas Glimcher:
‘For all we know, phyletic and architectural constraints may prevent natural selection from attaining computational goals even if achieving those goals would maximize the evolutionary fitness of the animal.’ 
Así explica Glimcher una de las proposiciones principales de G&L, diciendo que de ser cierta supondría una dificultad insuperable a la hora de usar las metas computacionales como punto de partida en la forma propuesta por Marr. Es un punto importante dado que aquello que propone la neuroeconomía está en estrecha relación con esas metas computacionales. Una segunda cuestión presente en el enfoque de G&L y que debe ser tenida en cuenta es que el análisis que realicemos debe establecer un marco. La meta computacional debe ser definida a un nivel determinado, lo cual requiere identificar el marco del módulo neurobiológico al que podamos hacer referencia de forma que el problema a ser resuelto sea definido (en el sentido matemático de que tenga una solución). Estos son los dos problemas que deben ser encarados y cuya solución determinará la adecuación explicativa del enfoque propuesto por Glimcher como neuroeconomía.
Cualquier enfoque que subraye el papel de la función debe poder afrontar adecuadamente el problema de la meta evolutiva de la computación neuronal. Para esa aproximación funcionalista es necesario estudiar un sistema bajo todas la posibles condiciones de funcionamiento del mismo, pero esto, señala Glimcher, es impracticable. otra posibilidad, a là Marr, sería asumir que el sistema ha evolucionado PARA lograr una meta matemática especificable, definida teóricamente (recordemos el esquema de los tres niveles) de forma que minimice la adaptación del organismo. [NOTA 1 a insertar uno de estos días] Es en este punto en el que Glimcher realiza un giro estratégico a la hora de abordar la cuestión de la meta computacional y en donde comienza a cobrar sentido el énfasis reflexológico de la primera parte del libro: plantea la posibilidad de renunciar al estudio de la meta computacional como totalidad (como marco que pueda dar cuenta de todo proceso evolutivo) para defender el uso de ese enfoque (funcionalista sobre la base de metas computacionales) sobre sistemas pequeños, de la misma forma que hace la reflexología:
‘Reflexology is, at some level, an approach of this type. It relies on constraining the subject of study to a tiny deterministic linkage, fully characterizing that system, and identifying the minimal set of connections that can produce that linkage as if it were a goal.’
una especie de individualismo metodológio a nivel de sistemas neuronales. Marr lo intentó al estudiar los sistemas de visión pero se vio forzado en última instancia a asumir que la ‘Evolución’ empujaba [forced] al sistema visual a esa meta (una representación útil del mundo externo). Lo cual, nos dice Glimcher, es un a priori que no podemos asumir por la mera existencia de las restricciones explicitadas por G&L. Glimcher propone el estudio de lo cerca que están los sistemas en la práctica del logro de las metas computacionales sin recurso a ningún a priori. Sin embargo en esta formulación de Glimcher sigue siendo la meta aquello que nos dice algo sobre el sistema.
Estas consideraciones sobre el papel del cómputo neuronal y la forma de abordar (funcionalismo) la problemática que presenta su estudio, la posibilidad de dar respuesta a las críticas de G&L y la introducción de lo que es la neuroeconomía nos ocuparán la próxima entrada que esperamos tener preparada para el viernes.

G³, (bifurcaciones)

Después de un par de inefables semanas de imposible traslación no-viguesa intentamos volver al camino de la rutina y el hábito. Y pensamos que la mejor forma de hacerlo quizás sea retomando nuestro querido G³.
De los tres niveles de los que hablamos el otro día el primero tiene que ver con la teoría de la traslación de un tipo de información a otro tipo, requiere una teoría de los mapeados. La adecuación de los resultados de esa teoría hablaría de su bondad. En el medio estaría la elección de la representación adecuada a las entradas y salidas de información concretas, de cada problema específico; se trata de la selección del algoritmo a ser utilizado. Por último estaría la elección de la estructura material que pueda hacer posible ese cómputo. El nivel computacional es, seguramente, nos dice Glimcher, el nivel menos tratado desde el punto de vista de los reflejos (sherringtoniano). Es más importante para Murr el entendimiento de la naturaleza del problema que se quiere solucionar que la base material mediante la que el problema es resuelto. Sin embargo señala Glimcher una serie de deficiencias presentes en el enfoque de Marr. Establecer la relación que pueda existir entre cerebro y conducta es una cuestión bien compleja, habría que definir la meta computacional de toda una conducta. Sólo entonces en neurocientífico puede, nos dice Glimcher, determinar cómo el cerebro puede alcanzar esa meta.

Así el primer problema sería la definición a priori del problema; el tamaño de la computación que constituye el logro de una conducta competa. Pero también lo es la impresión de que la evolución, que ha producido el cerebro de los mamíferos, no podría ser vista como un proceso tendente a organizar el cerebro de los animales en torno a metas de cálculo independientemente del tamaño de esas metas.
Otro problema tiene que ver con un supuesto implícito en Murr, dado que entiende la evolución necesariamente conduce a los sistemas biológicos hacia el logro de una eficiencia definida teóricamente de metas de cómputo. Y existe muy poca evidencia sobre la realidad de este supuesto. El papel de la evolución en la forma y funciones del cerebro es determinante a la hora de la construcción de una teoría de la cognición humana; la existencia de límites a la misma, o sobre las formas de construcción y utilización de conocimiento. Relata Glimcher los intentos realizados por los biólogos para determinar empíricamente si el proceso evolutivo tiende a producir sistemas para el logro de metas funcionales o si simplemente estamos constituidos por un sumatorio de rasgos azarosos.
Como ya se señaló antes otra de las cuestiones problemáticas se refiere a la escala de esa organización para el cómputo. ¿A qué escala está organizada la arquitectura del cerebro de los mamíferos? Nos dice Glimcher que muchos creen que es posible reducir la problemática de la escala de la organización a las cuestiones del nivel empírico (encontrar evidencia a través de los módulos cerebrales bajo el prisma de la selección natural) y del nivel de la meta a ser resuelta (si esos módulos cerebrales pueden ser pensados en términos de metas).
Glimcher señala aquí el trabajo de Fodory Gazzaniga, dos científicos que, partiendo de puntos de vista distantes, trabajando ambos sobre la función de los módulos cerebrales, han llegado a posiciones similares. Ambos piensan los módulos como subsistemas independiente para la computación. En concreto Fodor argumenta que los módulos cerebrales pueden ser pensados como sistemas de procesado independientes aunque interrelacionados cuya meta es producir conducta. Algunos módulos se comportarían de forma independiente, comunicándose entre ellos mediante los inputs y output computacionales que producen cada uno de ellos. Son ejemplo de ello su estudio sobre el lenguaje en donde ha podido demostrar la existencia de independencia en el procesado en algunos de los módulos que componen la producción de lenguaje. pero es importante señalar cómo Fodor considera que estas características de procesado son sólo aplicables al estudio psicológico de la conducta, sin posible traslación a estudios fisiológicos del cerebro. La consideración modular de la conducta sería propia de terrenos psicológicos, no fisiológicos, en el sentido de que no sería posible acceder a su estudio mediante las herramientas propias de la neurobiología, negando expresamente la aplicación del cuadro de Marr al que se ha hecho referencia. Sin embargo ha sido imposible que los estudios de Fodor no hayan tenido repercusión sobre las neurociencias. Entonces introduce Glimcher los estudios de Gazzaniga sobre modularidad cerebral, estudios en los que los sujetos han sufrido lesiones que han dañado el cuerpo calloso que une ambos hemisferios.

función y forma iii (tª del valor subjetiva marxista)

“Un enfoque diferente refomurlaría el valor como una forma históricamente específica de la roqueza distinta de la riqueza material. Esto implica que el trabajo que genera el valor no puede entenderse en términos que sean transhistóricamente válidos para el trabjo en todas las formaciones sociales, sino en tanto que poseedor de un carácter socialmente determinado, específico de la formación social capitalista”.

Tiempo, trabajo y dominación social. p. 184.

(qué bruta)

función y forma (ii)

éticamente alguna forma de nihilismo aniquilador es precisa. Una creencia ontológica que no deje piedra sobre priedra arrojándonos a una especie de OOO. Un materialismo radical del nada-bueno existe. Las tragedias nos arrojan a ese nivel de humillación y humildad, Walt Disney no (o sí). Uno de los motivos por los que digo esto es estaconferencia de Deirdre McCloskey. En ella nos viene a decir que algo único sucedió entre los siglos XVII y XVIII en el noroeste europe que nos trajo prosperidad y riqueza como nunca antes. Fue un cambio ético y moral por el que por primera vez en la Historia se valoraron la libertad y la iniciativa privada. El resultado somos nosotros.
Hemos defendido desde este cuaderno la emergencia estructural como condición de lo nuevo sin identificar la causa de esa emergencia. Fue cuando hablamos de la vida y lo mental. No sé si la emergencia del capitalismo ha sido debida a eso que dice Deirdre, lo que aquí se defiende es la autonomía de lo nuevo respecto de aquello que le precede, incluida la consideración positiva de la libertad y la iniciativa privada. Lo nuevo -el capitalismo- puede desarrollarse sin la condición de su emergencia.
Deirdre habla en la conferencia de sus amigos marxistas, algunos de sus mejores amigos lo son, que ofrecen algunas explicación convincentes sobre determinado tipo de dinámicas sociales. Ella (Deirdre), cuando era él (Donald), fue troskista. Al igual que James buchanan y al igual que Hayek (y al igual que algún otro economista por mi muy querido) presumen de haber sido marxistas en su juventud señalándolo como una fase de ingenuidad que superaron al comenzar a estudiar economía. La ciencia económica sería el remedio, la doctrina, la medicina. Contra ese fervor juvenil que cual voruelas ataca pudiendo dejar marcas. El Che no vivió lo bastante; Fidel ha sido un necio petulante toda su vida. Uno de los amigos marxistas para Deirdre es Moishe Postone, comparten universidad y conferencias (de las que ahora mismo no encuentro el enlace, sorry).
El ejercicio propuesto al principio de esta entrada nos permite no ver en el capitalismo una bondad, recordando al mismo tiempo al ateísmo purificador defendido por S.Weil. No somos mejores que nuestra mierda. La política y la bondad se fundan sobre la comunidad de creyentes no sobre ningún tipo de objetividad planicie. El capitalismo no ha supuesto nada desde un punto de vista moral, no es un avance ni un mejoramiento, ni siquiera el aducido incremento de la riqueza, del bienestar material o de los sentimientos hedónicos. La moralidad no tiene nada que ver con ninguna de esas cuestiones.
En segundo lugar está la eficacia material. Deirdre es optimista respecto de nuestro futuro: inventaremos algo que nos libre del mal. “that’s our shit”: inventar arreglos. Dice que el crecimiento de la población es preocupante pero que algo haremos cuando llegue el momento. Ojalá que así sea. Dice que siempre ha habido burbujas y siempre las habrá, ese es el precio que debemos pagar, pero merece la pena. Sigo remitiéndome al ejercicio propuesto al principio de esta entrada.
Pues ahora no (nos vamos a la playa), pero acabaremos hablando de racionalidad, de fución y forma. De hecho, la conferencia de Deirdre es perfecta para contraponer esos elementos a la forma de ver el mundo de un marxista como Moishe. Y además son amigos.

cookin churrasco

nos dicen desde tratarde que la mitad mejor de la humanidad es aquella que cuenta con mayor plasticidad neuronal y poseen hemisferios cerebrales mayormente integrados debido a que el cuerpo cayoso que los une es de mayor volumen. Ello produce una menor subordinación del hemisferio derecho al izquierdo y por lo tanto una menor subordinación de las emociones al lenguaje y al pensamiento abstracto. 
Desde aquí no queremos introducir argumentos evolucionistas que traten de explicar las diferencias por el recurso al problema que resuelven las funciones a ser estudiadas, (tales argumentos no van con nosotros). Sí volver a traer a mientes a Simone Weil para recordar que existe una gran diferencia entre la naturaleza de la necesidad y la del bien. (Diálogos de Melos).
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Además añadir que estoy preparando una segunda parte de ‘función y forma’, que me está llevando tiempo porque me baso en algunas cosas de ‘tiempo, trabajo y dominación social’, y estoy reconsiderando algunas cosas de las que hablaba en aquella entrada. Mañana o pasado, espero.