de Hegel en Schumpeter

Hace unas semanas he comenzado a enmendar una deuda que tengo conmigo mismo desde hace tiempo: No había leído “Historia del Análisis Económico”, de Schumpeter. Lo estoy leyendo, digamos, de forma selectiva, pasando ampliamente de determinado tipo de etapas que de momento no me interesan. Existe algo el Schumpeter, puedo decirlo ahora que llevo casi 200 páginas leídas, que me supone una distancia con respecto a su manera de formular. Esa distancia tiene que ver con cómo se aproxima a los economistas que analiza. Me está interesando bastante su relación con Keynes, los términos en los que se refiere a él y cómo discute la relación de éste con Mathus y Ricardo. He leído el espléndido “Ensayos Biográficos” y la visión de Schumpeter me ayuda a comprender más cosas.
He de señalar otro punto que me resulta problemático: Hegel. No he leído ningún libro completo de Hegel aunque sí partes de su “Filosofía del Espíritu” pero sí que he trabajado bastante la obra de Catherine Malabou el año pasado, precisamente. Sobre todo “The Future of Hegel” y “What to do with our brain”. Además mi eslavismo completa mi relación con esa clase de dialéctica. Esto no me hace marxista. Me interesa de Hegel la propia manera de abordar lo que un concepto es, sus límites explícitos, y lo implícito en el concepto, esto es, la dialéctica de lo negativo. Lo que no se dice es tan importante como lo que se explicita.
Schumpeter trata explícitamente la figura del maestro de Jena en varias partes del libro, siempre cubriéndose las espaldas, trazando la distancia de aquél que, con modestia, no quiere pronunciarse sobre algo que respeta debido a la gran influencia que ha tenido sobre figuras tan destacadas en la historia del pensamiento. Es así como lo aborda en las páginas 467-470, cuanto trata de trazar el contexto cultural e histórico del periodo que va de 1790 a 1870. Le objeta el oscurantismo y se para a hacer notar la deuda marxista con Hegel, su coqueteo, que casi le reprocha. Lo menciona otras veces como de pasada: a propósito de la burocracia prusiana y su querencia por Hegel (éste, supuestamente, glorifocaba el estatismo); respecto del “evolucionismo filosófico”, considerando a este autor “ultra-idealista” como su máximo exponente; volviendo a reflexionar en la nota 60 sobre la razón de su éxito (la posibilidad de poder interpretar su pensamiento de forma conservadora). Y una última referencia (p. 856) casi de pasada. Hasta aquí las referencias explícitas (de hecho son las que figuran en el índice de autores del libro); pero hay otra referencia indirecta que no figura en el índice de autores y que me parece sintomática; es una referencia no a Hegel sino a Say. En la página 551 comienza con la exposición de los autores franceses del periodo (apartado 4: Francia) y lo hace con Jean Baptiste:

[JBS] fue uno de esos hombres que ilustran dos verdades importantes, aunque ligeramente paradójicas: primera, que para estimar adecuadamente un personaje y situarle en el lugar que le corresponde hace falta a veces defenderle y situarle no sólo contra sus enemigos, sino también contra sus amigos y contra él mismo; segunda, que hay una diferencia fundamental entre la superficialidad de exposición y la de pensamiento. [nota 50: Permítaseme ilustrar este punto: nadie dirá que la exposición de Hegel es superficial, pero algunos individuos (pobres descarriados) pueden pensar que su trabajada exhibición de profundidad esconde bajíos triviales. Como se dice en el texto, J.B. Say es un ejemplo de todo lo contrario]. La superficialidad es, efectivamente, lo primero que llama la atención al leer a Say. Su modo de argumentardiscurre con tan fácil limpidez que el lector casi no se para a pensar ni casi puede sospechar que vaya a haber cosas más profundas por debajo de tan tersa superficie. Esta característica valió a Say un éxito avasallador entre el público mayoritario, pero le ha costado la buena voluntad de la minoría.

 

Así, el  éxito de Hegel se debe a una aparente profundidad que le hace querido por burócratas y pensadores de la pirueta retorcida; Say sería el ejemplo de lo contrario, e incluso debe ser defendido de sus admiradores, muchos de los cuales no lo comprendieron.

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