me voy de excursión: G^3

 G^3: {Gigerenzer, Glimcher, Gintis}

En los próximos dos meses estudiaré la forma en que se entiende la racionalidad económica en el trabajo de G^3, relacionándolo con su concepción del conocimiento, la conciencia, la creencia, el medio, la estructura que conforman, etc. Intentaré confrontar esa forma de entender con el lugar de estos conceptos en algunas teorías económicas.

Ahora os los presento para después introducir el tema:

  •  Gerd Gigerenzer: Ya he hablado de él aquí. Psicólogo alemán director del Max Planck Institute, promotor del llamado Fast & Frugal Heuristics Program. Será el que me resulte más fácil de abordar, seguramente. Lo conocí por sus críticas a Kahneman & Tversky; al principio me resultaba difícil entender el sentido de lo que quería explicar con sus experimentos pero ultimamente creo que le estoy pillando el punto.

  • Paul Glimcher: profesor de neuroeconomía; nuevo campo de investigación. Es especialista en ese tipo de técnicas que están ahora tan de moda, que sacan continuamente en REDES, con cerebros que se iluminan, sensores, máquinas carísimas y señores de bata blanca. He leído un libro suyo y tengo varios artículos que aún no he tocado. Su programa de investigación tiene que ver con el estudo de la forma que tenemos de valorar, la formación de la valoración para la toma de decisiones desde un punto de vista biológico. Investiga con monos a los que les abre el cráneo para ponerles unos sensores, los ata a una silla y les pone un tuvo en la boca para que beban zumos cuando accionan el pulsador correcto ante estímulos visuales. Es conductista.

  • Herbert Gintis. También es conductista pero su objeto de estudio es otro, de alguna forma contrapuesto al de Glimcher. Gintis integra en el estudio sobre la toma de decisiones variadas pasiones morales –no sólo en interés propio- para ver de qué forma se relacionan. También los efectos del entorno social, las relaciones, las estructuras, los conflictos… Después integra todo formalmente mediante teoría de juegos. Es defensor de una forma de entender la formación de los equilibrios en teoría de juegos diferente a la de Nash. Además intenta últimamente integrar los variados campos de investigación conductual -biología, economía, y no sé qué más- en uno sólo.

Todos comparten una visión reduccionista de la conducta humana, en el sentido de que establecen una especie de planicie entre el comportamiento animal y el humano, basando de hecho algunos de sus resultados en el trabajo sobre conducta animal, y otros en el estudio de sujetos humanoides. Evidentemente no intentaré refutar ninguno de sus resultados, sólo identificar la forma que tienen de entender los procesos de cognición para inferir alguna de las limitaciones que presentan a la hora de estudiar economía. De todas formas no creo que sea capaz de pasar sin especular

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me voy de excursión: G^3

 G^3: {Gigerenzer, Glimcher, Gintis}

En los próximos dos meses estudiaré la forma en que se entiende la racionalidad económica en el trabajo de G^3, relacionándolo con su concepción del conocimiento, la conciencia, la creencia, el medio, la estructura que conforman, etc. Intentaré confrontar esa forma de entender con el lugar de estos conceptos en algunas teorías económicas.

Ahora os los presento para después introducir el tema: Sigue leyendo

disculpas y complementos

He de disculparme, me avisan desde aquí fuera, por la ortografía y el redactado. Intentaré mejorar. Intentaré justificarme: utilizo Lefpad porque me encanta su sencillez y limpieza, pero no tiene corrector ortográfico. Tengo, es cierto, Libre Office, un editor de textos completito y muy majo, pero no consigo instalar el corrector en español, de momento. Respecto a lo que hace del a las faltas de estilo y otros pequeños desastres se deben al descuido y la falta de atención, y también, he de reconocerlo, a la incapacidad. Intentoamos mejorar.

Aprobecho para dejaros unos enlaces de algunas de las cosas que me han parecido interesantes de las que he leído hoy:

  • Un artículo de Juan Ignacio de Juan: Viva el vino.
  • Jon desde ese sitio donde se aprende tanto, economic thought, sobre keynes vs hayek,
  • Y algo que no he podido leer todavía pero que tiene muy buena pinta: Rajiv Sethi, sobre equilibrio y expectativas racionales. Reportado por Mark Thoma. A todo lo que se mueve en la macro  le cede mark un espacio en su casa.

Dworkin para la intervención del Estado

Ronald Dworkin es un filósofo de la ley influído por john Rawls entre otros, que ha hecho pivotar su enfoque teórico sobre la crítica a la corriente del positivismo legal. Esto del positivismo legal es bastante complicado. Había anunciado mi intención de realizar una quick lectura de Dworkin y eso haré: me baso en wiki inglesa, en la entrada de la Stanford Encyclopedia of Philosophy sobre el positivismo legal, donde compentan de forma extensa el posicionamiento de Dworkin y sobre todo y fundamentalmente en el artículo que ha sido mi inspiración, del magnifico blog “The Social Rationalist”, en donde se nos dice:

“In this section of his Carnegie Council talk, he discusses equality as a political ideal and argues that no government is legitimate unless it meets two conditions: (1) that it treat its citizens with equal concern and (2) that it show equal respect for the dignity of its citizens as responsible self-authors. He argues that the theory of economic equality fails to solve this “system of simultaneous equations” and as such no government should try to actualize this ideal. He goes on to argue against the idea that whatever market distribution emerges can satisfy the condition that the government treat its citizens with equal concern. Dworkin’s theory of equality poses a challenge to traditional critics and defenders of egalitarianism and opens up fruitful ways to think about the degrees to which our polities do and can live up to this normative standard.”.

Preciosas palabras. Así en esta entrada parto de las siguientes tésis:

  • la expresión de la libertad en en términos económicos se plasma mediante el acuerdo de voluntades en los mercados.

  • Para que este acuerdo sea legítimo es necesario que ninguna de las partes pueda imponer a la otra los términos del intercambio.

  • Este tipo de igualdad ha de ser procurada por los poderes estatales y forma parte de lo que los marxistas llaman libertades formales de las sociedades burguesas.

Descendamos a la tierra.
Tradicionalmente cuando escuchamos en los telediarios la expresión «flexibilización del mercado laboral» pensamos reformas legislativas que tienen por objeto que una de las partes concurrentes en el intercambio de mercado tenga mayor posibilidad de «realizar sus planes», esta es otra de las expresiones socorridas. El mercado laboral ha estado muy regulado debido al objeto de intercambio: cuando un trabajador firma un contrato de trabajo acepta en obedecer al empresario en la  realización de las tareas que éste le encomiende. Es así que el objeto del contrato es la sujeción de una de las partes a la otra; esta especificidad hace que «el legislador», otra expresión muy socorrida, en el último siglo cuando menos haya tendido a proteger a una de las partes en detrimento de la otra. En las últimas décadas las cosas han cambiado debido a que con la mucha  protección de una de las partes se genera menos empleo, siendo éste el fundamental problema de las sociedad española. Así, «el legislador» ha entendido que mediante la facilitación de los «planes empresariales» se puede generar más empleo.
La flexibilización también se entiende de otras formas, esto es: funcional (que los trabajadores modifiquen sus perfiles de aptitudes de forma que puedan desempeñar capacidades diferentes), geográfica (moverse por el mundo), y horaria.
Escribo ésto para defender la bondad de esta última. Sé de muchxs compañerxs y amigxs que estarían encantadxs de trabajar menos horas de las que se les impone. Un liberal de verdad, no de posturilla, debería conceder en este punto: allí donde no media igualdad de poder entre las partes el Estado debe hacer lo posible para que una de ella, la más fuerte, no pueda imponer su voluntad a la otra. Si una de las partes, la más débil, desea trabajar X horas, estando de acuerdo con el salario por hora, el Estado debe hacer lo posible para que la desigualdad de fuerzas no se manifieste en merma de libertades.
Así, propuesta alocada: créese un banco de horas de trabajo en donde los trabajadores se anoten manifestando el nº de horas que están dispuestos a trabajar a la semana. Y actúe el Estado como membrana facilitadora de acuerdo de voluntades equilibradas. El empresario solicita un número de horas de trabajo que el Estado proporciona. Si el empresario no está de acuerdo con la contratación de un trabajador una vez entrevistado pues no lo contrato, no suponiendo así merma de voluntad por su parte. Respecto de la temida restricción de los «planes empresariales» son dificultades que debería ser posible minimizar: establecimiento de estándares (2h x día, 4h x día, etc etc).
Existen multitud de formaas de dotar de flexibilidad a un mercado que no supongan un desequilibrio de una sola de las partes.

disculpas y complementos

He de disculparme, me avisan desde aquí fuera, por la ortografía y el redactado. Intentaré mejorar. Intentaré justificarme: utilizo Lefpad porque me encanta su sencillez y limpieza, pero no tiene corrector ortográfico. Tengo, es cierto, Libre Office, un editor de textos completito y muy majo, pero no consigo instalar el corrector en español, de momento. Respecto a lo que hace del a las faltas de estilo y otros pequeños desastres se deben al descuido y la falta de atención, y también, he de reconocerlo, a la incapacidad. Intentoamos mejorar.

Aprobecho para dejaros unos enlaces de algunas de las cosas que me han parecido interesantes de las que he leído hoy:

  • Un artículo de Juan Ignacio de Juan: Viva el vino.
  • Jon desde ese sitio donde se aprende tanto, economic thought, sobre keynes vs hayek,
  • Y algo que no he podido leer todavía pero que tiene muy buena pinta: Rajiv Sethi, sobre equilibrio y expectativas racionales. Reportado por Mark Thoma. A todo lo que se mueve en la macro  le cede mark un espacio en su casa.

Dworkin para la intervención del Estado

Ronald Dworkin es un filósofo de la ley influído por john Rawls entre otros, que ha hecho pivotar su enfoque teórico sobre la crítica a la corriente del positivismo legal. Esto del positivismo legal es bastante complicado. Había anunciado mi intención de realizar una quick lectura de Dworkin y eso haré: me baso en wiki inglesa, en la entrada de la Stanford Encyclopedia of Philosophy sobre el positivismo legal, donde compentan de forma extensa el posicionamiento de Dworkin y sobre todo y fundamentalmente en el artículo que ha sido mi inspiración, del magnifico blog “The Social Rationalist”, en donde se nos dice: Sigue leyendo

plétoras por doquier

Sigo hoy con lo de ayer y me queda por tanto una entrada pendiente que tiene que ver con el mercado de trabajo y consideraciones sobre su flexibilización desde un punto de vista liberal. Me basaré en una quick lectura de la obra de Dworkin para aplicar ese molde liberal al mercado de trabajo con la pretensión, quizás fatua, de criticar los modelos actuales de mercado laboral clamando por una interveción estatal en la materia. Veremos que tal resulta. Ahora sguimos con lo de ayer. La lectura que traigo es densa: el posicionamiento de Schumpeter respecto de la ley de Say tendiendo en cuenta a los críticos de la misma, fundamentalmente lord Keynes.
La apariencia de identidad en la ley de Say es lo que mueve a Schumpeter y le preocupa. Nos dice que pese a incorporar una identidad no es trivial y esa no trivialidad tiene su importancia. En las páginas 686 y 687 expone cuatro interpretaciones habituales que se han hecho de la ley como identidad y con las que no está de acuerdo: la ley como identidad contable (lo que se compra se paga), otras que la interpretan bajo el prisma de una economía de trueque (no monetaria, en donde todo comprador es también un vendedor), la tercera está representada por Keynes aunque ha sido mejor formulada por Lange, en la cual se introduce el dinero pero se sigue considerando la fórmula sayniana como una identidad, sosteniendo Schumpeter que debe ser considerada como una igualdad. Esta tercera postura y el consiguiente posicionamiento de JAS al respecto constituye el objeto de esta entrada, dado que pienso que es ahí en donde se encuentra el solomillo de la cuestión. La última interpretación consiste en una lectura, que JAS considera ridícula, realizada por el propio Say.
Después de este sumario introduce (687) es el descuido del tema monetario -fulcral- por parte de Say. Es después que JAS se centra (688 y ss) en la polémica subsiguiente desarrollada en torno a la Ley de Say y que pasamos a relatar en forma de citas trufadas de tímidos comentarios, debido a que no nos consideramos lo suficientemente competentes como para terciar en tan sutiles argumentos. Nos dice JAS que los argumentos principales de la Ley fueron aceptados por Ricardo, tanto el grano como la paja; fue atacado por otros, como Sismondi, Malthus o Chalmers y que finalmente J.S. Mill terció en favor de Say aportando un perfeccionamiento de su teoría que no consideró como tal:

“JS Mill admite plenatmente que hay tiempos de crisis en los cuales ‘existe realmente un exceso de todas las mercancías respecto de la demanda monetaria; dicho de otro modo, hay suboferta de dinero… Por eso casi todo el mundo quiere vender y hay pocos compradores, de modo que s epuede producir realmente… una depresión extrema de los precios generales partiendo de lo que que se puede llamar independientemente plétora de mercancías o escasez de dinero’. Este paso es muy interesante desde varios puntos de vista. En primer lugar muestra que,  pese al léxico y las formulaciones de Say, un seguidor suyo muy competente no interpreta su doctrina en el sentido de la negación de la existencia de ‘plétoras generales’. En segundo lugar, y a fortiriori, el paso elimina todas las interpretaciones de Say que convierten su ley en una identidad de uno u otro tipo; de este modo robustece nuestra interpretación.”

En la nota 90, contenida en este párrafo, comenta como Mill argumenta que los vendedores pueden negarse a sen compradores. Para Schumpeter Mill siempre será un referente, no sólo intelectual, sino también moral. Suele reprochar a los economistas la continua caída en vicios ricardianos, y grandilocuencias, dejándose llevar por las polémicas más que por el rigor y la providad intelectual. Asimismo destaca sobremanera la modestia de Mill.

“En tercer lugar, vale la pena observar un curioso halo moderno de ese paso. Obsérvese, en particular, la frase ‘suboferta de dinero’, que no significa, evidentemente, que las minas o las prensas no hayan producido la cantidad de moneda suficiente, sino que es equivalente exact de la moderna noción de dmeanda excesiva de liquidez por parte de las empresas y de las economías individuales. Esto contribuye un tanto a reducir a sus dimensiones propias las objeciones formulables al expeditivo tratamiento del factor por Say, aparte de dar un ejemplo del modo en el cual investigadores serios y leales pueden tratar deficiencias análogas de sus predecesores.”

Siguen párrafos muy interesantes y que sería conveniente tener en cuenta pero intentaré resumirlos hasta llegar a la parte fundamental de la argumentación. Remito al propio libro a toda aquella persona interesada en el debate. Así, en los párrafos que siguen discute JAS la diferencia entre la concepciónde Mill y la posterior de Keynes al respecto del exceso de demanda de dinero. Comenta asimiso las difernecias entre Malthus y Say, centrándose en la consideración de la cantidad óptima de ahorro, parte que no puedo sino reproducir:

“Lo que malthus sostenía era que, rebasado cierto punto óptimo, el ahorro produce una situación insostenible: la demanda efectiva de bienes de consimo procedente de los capitalistas y de los terratenientes no aumentaría lo suficiente para absorver la creciente oferta de productos resultante de una creciente conversión de renta en capital, y de la demanda efectiva de bienes de consumo procedente de los trabajadores, aunque sin duda aumentaría, no puede constituir motivo ulterior de acumulación y ulterior empleo del capital. En esto estriba la principal objeción de Malthus a la Ley de Say. Más adelante analizaremos el error que contiene.”

Y ahora entra, sin solución de continuidad, Keynes en el argumentario shumpeteriano, cuestión que nos fuerza a continuar con el citado sin que podamos saltarnos, casi, ni una sola frase. En los tra párrafos que siguen, el último el central, van incercendo en intensidad teórica hasta llegar al punto en el que Schumpeter se distancia decisivamente de Keynes.

“En todo caso, ese error no se puede imputar a Keynes. Aunque bastantes pasos de Malthus y de Lauderdale sugieren sin duda parte de la argumentación de hoy (¿o de ayer?) contra el ahorro, no puedo evitar la creencia de que lord Keynes no habría aceptado globalmente todos los puntos y comas de Malthus. De todos modos el planteamiento analítico de Malthus contiene de hecho la idea de una curva de dmeanda agregada de bienes de consumo tomada como un todo. por más que sin consciencia de los problemas que suscita este concepto; por eso se puede decir con justicia que Malthus se ha anticipado a Wicksell [nota mental, leer a Wicksell], el cual será el economista de primer orden que adoptaría más tarde la noción.
Como la cuestión de las ‘plétoras generales’ se volverá a presentar en el capítulo siguiente, dejaré la cuestión en este punto. Y como ni Say, ni Malthus ni Mill han percibido los problemas de la determinación del equilibrio planteables por el factor monetario, dejaremos este aspecto del problema para la parte siguiente. Pero algunos lectores agradecerán acaso un resumen que haga ulterior referencia al análisis keynesiano [me faltan 600 páginas para llegar ahí]. Vamos a ofrecerlo ahora.
Desde luego que Keynes no se ha propuesto nunca negar la proposición que antes hemos llamado ley de Say. Esto se ve ya en su advertencia de que su función de oferta agregada y su función de demanda agregada no se deben confundir con las funciones de oferta y demanda ‘en el sentido ordinario’. Pero Keynes creía que la ley de Say afirma ‘que el precio de demanda agregada del output como un todo es igual a su precio de oferta agregada para todos los volúmenes del output’. (op. cit. [th general] p.26); esto es, Keynes ha interpretado a Say como luego lo ha interpretado Lange. Nuestra propia interpretación se puede reformular del modo siguiente si, para facilitar la comparación, renunciamos a nuestra objeción a los conceptos de precio de demanda agregada y precio de oferta agregada [es la concepción schumpeteriana de la ley de Say que citamos ayer y que viene a introducir algo así como una teoría de la relatividad de las ofertas y las demandas agregadas tomadas en su conjunto, las unas respecto de las otras, y que por lo tanto resulta en la propia relatividad de las condiciones de equilibrio, lo cual resulta sumamente sugestivo]: la ley afirma que el precio de demanda agregada del output tomado en su totalidad puede ser igual a su precio de oferta agregada, y esto para todos los volúmenes de output total; o, también, que el equilibrio dentro del output total es posible para todos los volúmenes del output, mientras que no es posible un equilibrio para todos los outputs de zapatos; o, de otro modo aún, que no existen antes como el equilibrio o el desequilibrio del output total con independencia de las relaciones recíprocas entre sus componentes. Si esta interpretación es correcta, anula la objeción de Keynes. Pero no es así. Pues la proposición, más débil, que afirma sólo la posibilidad de equilibrios en todos los niveles de output total, y no identidad de “la demanda y la oferta de output total”, sigue dando de sí la proposición –no equivalente, sin embargo, a ella- de que la competición entre empresas tiende siempre a una expansión del output hasta el punto de utilización plena de los recursos, u output máximo. Y ésta es la proposición a la que se opone Keynes en realidad. Pero como la única razón en que se basaba era que la gente no gasta toda su renta en consumo, ni invierte necesariamente el resto –con lo que obstruye, según Keynes, el camino al ‘pleno empleo’-, habría sido más natural no oponerse a aquella proposición, del mismo modo que no negamos la ley de gravitación por el hecho de que la Tierra no se precipite sobre el Sol, sino decir simplemente que el funcionamiento de la ley de Say, la cual expresa correctamente una tendencia, se ve impedido por determinados factores que Keynes consideró lo suficientemente importantes como para incluirlos en su propio modelo teórico.