2ª nota personal (completamente prescindible)

nunca me han gustado las películas de miedo, terror e incomodidades. Digo no a Viernes 13, te digo no a tí Alien, no a la niña del exorcista, y no a Román Polanski:

Antes que algo así prefiero incluso a Maikel Haneke. Si es que ¿para qué ir al cine a pasarlo mal?

de lágrima fácil

No sé si será el catarro (10 min. mirando una pantalla y me lloran los ojos cual Magdalena en el Calvario), o la proximidad de cierta fecha de solitario desconsuelo… el caso es que nada del trabajo que he realizado me tiene mucho sentido ahora mismo. Sí, querido woody, a veces es mejor huir antes de que le entren a uno ganas de invadir cualquier cosa.

año nuevo

No he conseguido acabar lo que comencé en fin de año, queda pendiente. No sé muy bien lo que estoy haciendo con la Ley de Say, creo que me ayuda a trazar una línea más larga en el pasado, una línea de argumentación que entiende la creación de riqueza como asunto de emprendedores, Johnny Walkers. Me permite entender a los hijos de Schumpeter y a los cercanos a Hayek (pienso en Vernon Smith y en Buchanan). 
Los amigos de Keynes, desde Say, los pienso como los que manejan la demanda para que la dinámica de oferta no se vea frustrada. Mis proximas lecturas, una vez liquidado Winter & Nelson, será Baumol quien, por cierto, tiene dos artículos sobre “La Ley”, uno de ellos con G.S. Becker, en el 52. Este último me espera al otro lado de la orilla, porque distribuyendo el tiempo de gustibus… est disputandum. ¡Ay, las curvas de indiferencia!
Y estoy empeñado en pensar que visitar los terrenos de oferta y demanda pensando en las formas de construcción de racionalidad nos permite ver cosas.

Y nos vamos con Baumol:

The basic hypothesis is that, while the total supply of entrepreneurs varies among societies, the productive contribution of the society’s entrepreneurial activities varies much more because of their allocation between productive activities such as innovation and largely unproductive activities such as rent seeking or organized crime. This allocation is heavily influenced by the relative payoffs society offers to such activities.

Una canita al aire (iv)

Dejo el año viejo con las dos últimas gráficas. Sin comentarios. Mañana espero completarlas. Las curvas de indiferencia reflexivas se refieren a la idea que adelanté en la entrada enterior. Las otras una pequeña broma conmigo mismo. La dinámica de las gráficas se modifica con respecto a la de las entradas anteriores pero sobre eso escribiré mañana.

Una canita al aire ( iii )

Efectivamente, lo que he estado haciendo en las entradas previas de “Una canita al aire” no es algo que nos permita decir mucho sobre la Ley de Say. Ni siquiera estoy muy seguro de cómo pueden ser leídas esas gráficas al pretender que no existen precios de los factores. Es algo que he hecho exclusivamente para obviar la polémica sobre el capital de Cambridge. La esencia de la Ley de Say es que la producción genera rentas que son empleadas en los bienes consumidos generando demanda. Si de alguna forma puede ser pensado el modelo es como la relación entre la oferta de trabajo y la capacidad para transformar ese trabajo en riqueza. En la gráfica (C) se presenta un fenómeno que podríamos llamar “masoquismo industrial”: las sociedades actuales pese a que generan grandes incrementos de renta se muestran insensibles a esos incrementos, siendo el número de horas contratadas (obviemos crisis inoportunas) inelástico a ese incremento. Sobre este hecho existe evidencia empírica contradictoria. A favor: Francis & Ramey, “A Century of Work and Leisure“, y en contra Aguiar & Hurst “Measuring trends in Leisure: The Allocation of Time over Five Decades“. Siendo la controversia entre los dos enfoque sobre la forma de medir el tiempo de trabajo en caso de haber disminución esta no ha sido muy significativa por lo que la otra variable a tener en cuenta sería fundamental a la hora de determinar la pendiente de la curva de indiferencia: ¿Ha aumentado sensiblemente la renta en las últimas cinco décadas? Las respuestas de los economistas varían entre “mucho” y de “forma extrema”, dependiendo de cómo se mida esa variación. Si somos inmensamente más ricos ¿por qué somos tan masoquistas?
Mi idea ya la he apuntado en entradas previas y entronca con mi trabajo de los últimos dos años: las formas de racionalidad y su relación con la toma de decisiones. Básicamente: si quien construye el sitio donde vas pasar tu tiempo libre es quien te vende no esperes de ti misma una conducta muy racional. Estoy pensando en los centros comerciales. Las corrientes principales de la ciencia económica piensan el desarrollo como derivado de la innovación empresarial, el desarrollo tecnológico y demás. No es cuestión de ponerse neo luditas (por muy bien que nos caiga alguna de esa gente), pero lo cierto es que se ha construído en el pasado siglo una potente estructura de oferta olvidando el lado de la demanda. No podemos dejar de recordar que la corriente crítica principal con la economía ortodoxa (que dirían Winter & Nelson) han sido los hijos de Keynes, cuya preocupación fundamental es ¡estimular la demanda!. Por su lado los de la economía evolutiva que he estado estudiando este mes son grandes especialistas en la dinámica capitalista ¡y sólo tienen ojos para la oferta! El lado de la demanda prácticamente no lo mencionan. Los únicos que han dicho algo al respecto han sido las gentes de la economía ecológica y los decrecentistas, a los que no he leído pero que por lo que me suena construyen más una crítica de la «irracionalidad global del sistema» que una revisión constructiva del mismo: no señalan sus puntos fuertes y por donde hace aguas. (Creo).
La necesidad del desarrollo de una racionalidad de la demanda es lo que ocupa lo que pienso que debemos hacer. No se trata sólo de “consumir más racionalmente”, sino de generar mejoras tecnológicas, avances en eficiencia, a través del lado de la demanda. Y creo que para pensar adecuadamente las dinámicas que pueden ser desencadenas a través de ese lado de la demanda debemos introducir en el gran caldero otros ingredientes diferentes de la competencia, la definición individual de los derechos de propiedad, o la maximización de los beneficios. Es otra la racionalidad que nos encontramos de ese lado. Lo cual no quiere decir que haya que castigar a las dinámicas que tienen lugar en el lado de la oferta. Estos puntos serán tratados de forma más extensa el año que entra (2013) que aprobecho para deseároslo bueno, aun que venga penoso.
Ha muerto Hirschman que en su “Los intereses y las Pasiones” se ocupaba de forma amplia de los pensadores escoceses y franceses del XVIII, de su preocupación por el desenfreno de las pasiones del Príncipe, y de la necesidad de desarrollar un contrapeso que hiciese de balanza a esas pasiones, una pasión tranquila y de efecto “pulicio”, que se diría en el medievo. (i.e. civilizatorio ). De igual forma que pensaron la división de poderes en el ámbito político pensaron el interés propio como contrapeso económico a la propia esfera de las pasiones, que tendría efectos apaciguadores entre las naciones mediante la promoción del comercio y el intercambio.
Espero, por otra parte, que este no sea la última entrada de hoy, tengo todavía un par de gráficas en el bolsillo que tienen más de broma que otra cosa, aunque me sirva de ella para la introducción del concepto de “demanda reflexiva”, que contrapongo a la “demanda masoquista” que nos caracteriza. Así será si no caigo agotado.

una canita al aire ( ii )

Como nuestro objetivo es pensar lo que se demanda y su relación con lo que se ofrece en forma de tendencias seculares representaremos una función de producción que llamaremos agrarista y otra a la que llamaremos industrialismo guay. Siguiendo al chico que representa bien [Canadian Initiative] la gráfica de la función de producción es como si ordenara las técnicas de más producitvas a menos, de forma que las primeras horas empleadas lo son en las técnicas más productivas y las últimas en las menos. Como podemos observar en la gráfica (A) las economías agrarias representan una variación suave de las productividades (no existe mucha diferencia entre los empleos más productivos y los menos). En las economías que llamaremos “industrialismo guay (no España)”, por razones que explicaremos después, se produce un fuerte incremento en la productividad de determinados sectores que desplazan las posibilidades de producción hacia afuera. Algunas gentes de aspiraciones austriacas podrían pensar incluso esa forma como decreciente en sus últimos tramos: el “Estado del Bienestar” como carga a la productividad potencial de la economía, pero no queremos entrar en esos extremos.

Ahora representaremos las curvas de indiferencia que se corresponden con cada estadio y acto seguido pasaremos a explicar el significado que les damos:

La gráfica B representa las curvas de indiferencia de las gentes del campo (gente con boina) y de los obreros urbanitas masoquistas (después explicaré por qué). Como se puede observar la oferta de trabajo en las economías agrarias es sensible a incrementos de la poruducción durante más horas que los obreros urbanitas: eran sociedades menos productivas y que vivían próximos al nivel de subsistencia por lo que, no por placer o gusto por el trabajo sino por necesidad, mostraban esa sensibilidad a los incrementos de renta ante una hora adicional trabajada. Se muestran insensibles en un punto en el que el cuerpo no da para más.
Por su parte los obreros urbanitas trabajan menos y producen más. Existe una brusca variación de sus preferencias (su sensibilidad a la renta lograda) que representa las variables institucionales que afectaron a partir del fordismo al número de horas trabajadas (a partir de la jornada regulada la oferta se reduce drásticamente). No entraremos en cuestiones históricas. La zona amarilla representa el consumo no de subsistencia logrado después de la transición de un mundo a otro.
Ahora veremos un poco de estátiva comparativa. (Gráfica C).
Podríamos ser perversos y ver qué sucede en un mundo fordista con preferencias de boina (Citroen Vigo en los 80: la gente después de ir a trabajar en cadena sachaba en la finca unas horitas más), o imaginar un mundo agrario preindustrial con jornada de 8 horas, pero tales perversiones no tienen sentido en este momento.
Consideremos lo que sucede ante incrementos en las productividades de ambos mundos y comparemos. Pensemos en un mundo agrario en el que el gobierno crea Unidades de Extensión Agraria (agrarismo —> agrarismo’), y un mundo fordista en el que se robotiza un determinado tramo de la cadena (industrialismo guay —> industrialismo guay’). Efectivamente: ahora podemos explicar lo del masoquismo. Los de la boina son más sensibles a los incrementos de productividad que los obreros, debido a las restricciones institucionales que antes hemos explicado.
El siguiente punto en el camino del análisis es un poco más escabroso: es un intento de análisis de corto plazo de un país con preferencias muy peculiares: España. (Gráfica D). 
En este caso la dificultad estriba en cómo representarnos las curvas y cómo se mueven, cuál lo hace primero y las consecuencias. Como podeis observar he representado la función de producción con dos tramos de pendiente muy diferente: existiría una parte de España de sectores bastante productivos y otra parte, muy  importante, de sectores no tan productivos. Tampoco en este caso entraremos a señalar con el dedo en plan acusica. Respecto de la curva de indiferencia hemos intentado representar una muy dual, también, con dos tramos de pendiente muy diferenciada, el segundo representa esa parte de Espala que está siempre en paro. Al mismo tiempo hemos alargado el tramo de la curva en su parte sensible intentando representar que en la época de la burbuja producíamos con “horas prestadas”, y cuando esta estalló, esas horas desaparecieron. De hecho, parte de nuestras horas de trabajo van ahora a devolver esa deuda. Durante la época de la burbuja no se produjo ninguna mejora productiva de la economía Española, es decir, la función de producción no se desplazó hacia afuera. Algunos podrían decir incluso que nos volvimos menos productivos a la vista de los resultados; no entraremos ahí. Hubo un momento en que consideré en intentar representar un “efecto Merkel”, de mayor contracción de la Curva de Indiferencia, pero entiendo que la simplificación es una virtud. Así, la curva de indiferencia se contrae fuertemente de un periodo al siguiente: “preferimos” trabajar menos. Al mismo tiempo la he hecho sensible a la renta pues entiendo que no existen trabas institucionales a la oferta de trabajo (aunque quizás esto no sea cierto). El resultado es evidente.
En paralelo Gráfica D’ he intentado representar lo que podría pasar en el futuro: la cruva de indiferencia se contrae (más políticas de austeridad) y la curva de producción se desplaza hacia tramos menos productivos (técnicas intensivas en trabajo barato). En un futuro más o menos esperazador la función de producción se desplaza, pero como puede observarse no es tanto a base de mejoras técnicas en los sectores más productivos como de volver más productivos sectores que antes no lo eran.
Por la tarde intentaré concluir con mi visión sobre la relación entre la oferta y la demanda en lo que pretendo que sean algunas reflexiones críticas (provisionales) sobre la Ley de Say, los herederos de Schumpeter, y otras raleas.

una canita al aire ( i )

Cuando quieres decir muchas cosas lo difícil es comenzar. Y en ese sentido este es una de las entradas más ambiciosas que he escrito. No es sobre lo que quiero que sea mi tesis sino sobre un tema que le adyace: las formas de consumo en relación a las de producción. Es algo tan viejo como la Ley de Say e igual de complicado. Me gusta la forma en la que Schumpeter la formula, él, que es un defensor. Le dediqué una entrada hace tiempo. La forma de expresarla es ciertamente extraña, la traducción es de Manuel Sacristán por lo que la confianza en la misma es absoluta. La relatividad en la que inscribe las relaciones de oferta y demanda debe ser tenida siempre en mente, así como ese “de la industria” que se repite.

Me he pasado el mes leyendo a Winter & Nelson y su formulación de la Economía Evolucionista que intenta formalizar la visión que Schumpeter tenía de la dinámica económica. Es enriquecedor. Me ha llamado la atención ese viejo énfasis en el lado de la oferta y los delicados pasos que deben dar a la hora de intentar formular el aspecto normativo de su propuesta. Estoy leyendo, en paralelo, “La Ley de Say”, de Adolfo Rodríguez Herrera, en el que se refieren a la aceptación general de la ley por parte de los economistas y de cómo los críticos con la misma lo son con la consideración de su cumplimiento universal. Malthus, Marx y Keynes son algunos de los que dudan de que siempre y en todo momento esa especie de movimiento autogeneratriz iguale resulados y deseos.
Por último he estado leyendo el blog de Krugman. (!!!). Ha estado incomodando con los efectos del cambio tecnológico sobre la distribución de las rentas: defiende que existe un tipo de cambio tecnológico sesgado en favor del capital que acaba repercutiendo sobre el reparto de las rentas y que, piensa, es lo que subyace en la tendencia observada en EEUU al respecto en lo últimos decenios. Algunas críticas bastante sensatas se dirigen al propio concepto de capital, que puede ser tantas cosas que no es posible medirlo apropiadamente. (En el blog de Mark Thoma, y en el de de Dean Baker). 
Otras, más airadas, cuestionan los resultados del análisis llevado a cabo. Son los neoricardianos Matías Vernengo a través de Naked Keynesianism y Robert Vienneau en el propio foro de NK y en el pasado a través de su propia bitácora: Thoughts On Economics. Las críticas que lanzan suponen una dificultad cierta: se refiere a los valores de cambio en una economía que experimenta un cambio tecnológico: la introducción de nuevas técnicas desplaza la función de producción y ello afecta a las rentas generadas por los distintos factores. En la teoría neoclásica la distribución de esas rentas depende de la pendiente de la curva de la función de producción: cociente entre capital y trabajo. La intensidad relativa con la que se usan los factores modifica el reparto de las rentas. Para ilustrar que es eso y no otra cosa lo que Krugman defiende lo citan: “and if you’re worried, yes, workers and machines are both paid their marginal product.” Las consecuencias serían que si el factor trabajo se abarata las empresas pasarán a utilizar en mayor medida la tecnología intensiva en trabajo, mientras que si se produce una mejora tecnológica serán las tecnologías intensivas en capital las que pasarán a ser más utilizadas. El problema que le ven los neoricardianos (formando parte del grupo del Cambridge británico) es que para que esto sea cierto es necesario que: “The linear technologies of his example presume that all sectors have the same capital to labor ratio.
No sé hasta qué punto están en lo cierto en esto en el sentido de que Krugman lo que plantea es una economía que transita de un estado relativamente intensivo en mano de obra a otro más intensivo en capital, no que todos los sectores de una economía posean el mismo cociente entre capital y trabajo. De hecho me gusta la forma gráfica en la que interpreta a Krugman el tipo este de la Canadian Initiative, en la cual nos basaremos que la realización del presente análisis.
Por otra parte nuestro análisis se aparta de la polémica Krugman — Neoricardianos. No estamos interesados en la distribución de las rentas ni en los valores de cambio, interpretamos la Ley de Say en el sentido de que las fuerzas que mueven el capitalismo son de oferta, esto es, el cambio tecnológico desplaza la función de producción y ante esos cambios reacciona la curva de indiferencia entre ocio y trabajo. Ahora pasaré a relatar los presupuestos de los que parto.
Igual que cuando el cambio de década en los 90 hizo que por motivos tácticos pasase de ser de los Celtics a ser de los Pistons durante un par de años (yo realmente era anti-Lakers showtime), por un momento me voy a hacer marginalista de los chungos: asumo que la economía se encuentra siempre en equilibrio y que la relación entre cantidades producidas y número de horas trabajadas viene dada por la tangente entre la función de producción y la curva de indiferencia entre ocio y trabajo. Al mismo tiempo he de aclarar que al ser una adhesión táctica no asumo alguno de los principios del marginalismo ni mis objetivos son los mismos. No caeré en el error de Krugman de asumir que tanto trabajadores como capitalistas perciben la renta correspondiente al producto marginal de lo que aportan. Así, la intersencción entre ambas curvas no representa, como ya he dicho, los valores de cambio, sino que se da en la economía una oferta de mano de obra que se las tiene que ver con técnicas productivas de diversas productividades. Como el chico de “Canadian Iniciative” entendemos que las mejoras tecnológicas abomban la función de producción (seguimos en eso a Krugman), y pensamos también que la forma de la curva de indiferencia entre ocio y trabajo está fuertemente influenciada por aspectos institucionales. Interpretamos el marginalismo como un concepto válido para amplios agregados y movimientos seculares, que la economía esté siempre en equilibrio no como que deseos y realidades coincidan, sino de una forma un tanto tautológica: los acuerdos a los que se llegan son los que son y además no podían ser de otra forma dadas las circunstancias de la economía.
 (continúa)