plétoras por doquier

Sigo hoy con lo de ayer y me queda por tanto una entrada pendiente que tiene que ver con el mercado de trabajo y consideraciones sobre su flexibilización desde un punto de vista liberal. Me basaré en una quick lectura de la obra de Dworkin para aplicar ese molde liberal al mercado de trabajo con la pretensión, quizás fatua, de criticar los modelos actuales de mercado laboral clamando por una interveción estatal en la materia. Veremos que tal resulta. Ahora sguimos con lo de ayer. La lectura que traigo es densa: el posicionamiento de Schumpeter respecto de la ley de Say tendiendo en cuenta a los críticos de la misma, fundamentalmente lord Keynes.
La apariencia de identidad en la ley de Say es lo que mueve a Schumpeter y le preocupa. Nos dice que pese a incorporar una identidad no es trivial y esa no trivialidad tiene su importancia. Sigue leyendo

Ley de Say según Schumpeter

Pero es razonable afirmar que el output de equilibrio de una industria, su producto total que no es ni demasiado grande ni demasiado pequeño, no es el “correcto” sino relativamente alos outputs de las demás industrias. No tiene sentido calificarle de correcto sin relacionarlo con los demás. Dicho de otro modo: demanda, oferta y equilibrio son conceptos para describir relaciones cuantitativas dentro del universo de las mercancías y los servicios. No tienen sentido globalmente referente a este universo. Hablando con rigor, no tiene sentido hablar de la demanda y la oferta totales o agregadas de un sistema económico y de superproducción en ese contexto, del mismo modo que no lo tiene el hablar del valor de cambio de todas las cosas vendibles tomadas juntas, o del peso del sistema solar tomado en su conjunto. Si insistimos en aplicar los términos ‘demanda’ y ‘oferta’ a totales sociales hemos de tener presente con precisión que los términos significan en ese uso algo enteramente distinto de lo que significan en su concepción común. En particular, la demanda y la oferta agregadas no son independientes la una de la otra, pues las demandas que componen la demanda total “del producto de una industria (o empresa o individuo) proceden de las ofertas de todas las demás industrias (o empresas, o individuos)” y, por lo tanto, aquélla aumentará en la mayoría de los casos (aumento real) si aumentan esas ofertas, y disminuirá si ellas disminuyen. Esta es la proposición a la que (con Lerner) yo llamaría ley de Say, y la que creo refleja mejor la idea básica de éste”.

Schumpeter, J.A., Historia del Análisis Económico. pp 684-685.

rutinas

Sigo combinando a Gigerenzer con Schumpeter. Hoy he encontrado interesantes los artículos de Tano Santos sobre las finanzas en España. La pacienca que hace falta para leerlos gratifica. También una charla suya en youtuve y otra de Tim Harford. Y un artículo conjunto de ambos que me reservo.

He descubierto un artículo en español de Geoffrey Hodgson sobre instituciones e incertidumbre, en el que habla de hábitos, por lo que me resulta muy interesante: pasa a mi lista de “must read”. Había escrito ahora recientito una entrada sobre equidad y liberalismo en el mercado laboral, o algo así, que se me acaba de borrar y que intentaré reelaborar en cuanto descanse un poco. Las rutinas.

Teoría del valor en Schumpeter

Por un lado, pues, tenemos el análisis primariamente relacionado con los nombres de Turgot y de Say; ya A. Smtih lo había esbozado, aunque parcial y vacilantemente, y mezclándolo con elementos incompatibles. Este análisis aceptaba la tríada de agentes y de rentas en su sentido más pleno y profundo. Vale la pena formular de nuevo ese sentido. La producción, en el sentido económico del término,[nota: 71] no es sino la combinación, mediante compra, de servicios necesarios y escasos. En este proceso, cada uno de los servicios necesarios y escasos se asegura un precio, y la distribución o formación de las rentas consiste fundamentalmente en la detemrinación de esos precios. De este modo el proceso, en una sola serie de pasos, causa la produicción en serntido económico y, a través de la estimación de los servicios productivos que interviene en la producción tamvién la distribución o formación de rentas. Así en este esquema la producción y la distribución capitalistas dejan de ser lo que serían en una comunidad socialista, o sea, dos procesos diferentes: no queda más que un solo proceso de elecciones y decisiones, del cual la producción y la distribución no son más que dos aspectos diferentes. Y todos los tipos de renta se explican por este esquema sobre la base de un mismo principio, el de la formación del precio de los servicios de los factores cooperantes. La tarea analítica de mostrar cómo este principio, tan obvio en el caso e los bienes de consumo o los servicios correspondientes, se puede aplicar también en el caso de los vienes y servicios productivos no se percibió claramente, por no hablar ya de su solución, antes de que apareciera en el período siguiente la teoría de la imputación. Acaso se puede exceptuar de eso a unos pocos precursores, como Longfield y Tünen. Pero la tesis fundamental de que el proceso de producción-distribución de la sociedad capitalista es en último análisis una red de intercambios recíprocos de servicios productivos (o inmediantamente consumibles), con el empresario y empleador activo como intermediario, destaca con claridad inequívoca en el Traité de Say. Entre los autores ingleses principales Lauderdale, Malthus y Seniro se han acercado más o menos a la captación de la idea. Pero sólo Say consigue construir con ella algo parecido a un éxito. [...] Por otro lado, tenemos el tipo de análisis cuyo ejemplo destacado es el rodeo de Ricardo. Sería exagerado decir que Ricardo no haya visto en absoluto el aspecto del proceso económico antes descrito. Algo ve de él en varios lugares, y el profesor Kinght exageraría si su crítica se hubiera de entender como la tesis de que Ricardo no ha visto el principio explicativo suministrado por el aspecto de la valoración. Pero es verdad que Ricardo no ha visto el principio explicativo  suministrado por el aspecto de la valoración. Este fallo se relaciona íntimamente con una peculiaridad del trabajo de Ricardo que es esencial para entenderle y que prueba mejor que cualquier otra cosa que su obra consituye un rodeo y queda fuera de la línea histórica de las empresas de los economistas.

Nota 71: Es sumamente característico de las dificultades sentidas por la mayoría delos autores en la tarea de conceptualización el que una gran mayoría siguiera definiendo la producción tecnológicamente. Esos autores filosofaban acerca de la incapacidad en que está el hombre de “crear materia” y de su capacidad de desplazarla y cmbiarla útilmente de forma, así como sobre otras cosas que no vienen a cuento. La frase de Say según la cual la producción produce utilidades apuntaba en la dirección acertada; pero mucho más importante era su acentuación de la combinación de servicios en relación con su definición de la actividad empresarial.

Schumpeter, J.A., Historia del Análisis Económico, p. 632.

Hay tantas cosas importantes en esta página que da para un curso entero de introducción a la economía, o una asignatura de un postgrado, según como nos pongamos de profundos. La reflexión sobre de los procesos de generación de valor es lo que nos ocupa a los economistas. En las facultades apenas se aborda, sospecho que porque es un tema tan complejo que es más fácil pasar por él casi de puntillas hasta introducir un precio sombra en cuanto sea posible. Las ingentes horas dedicadas al estudio de infinitos modelos basados todos en una misma visión de ese problema ocupó mis años universitarios.

José Manuel Naredo es un gran economista español heredero de Georgescu-Roegen. La Economía en Evolución explica estas cosas de la formación del valor de otra forma. Otra forma de verlo es mediante el prisma marxista-ricardiano. Yo todavía no sé cómo posicionarme.